
El diseñador de moda Alexander McQueen fue hallado ayer muerto en su casa de Londres, en circunstancias que apuntan al suicidio.
Su empresa emitió un comunicado solidarizándose con su familia y añadiendo que "en este punto es inapropiado comentar sobre la trágica noticia". McQueen estaba considerado como el alumno más aventajado de su promoción.
Formado en la sastrería clásica de Saville Row, combinaba la maestría de las estructuras con decisiones poco convencionales, como sus pantalones bumsters, que le hicieron conocido a principios de los noventa y dejaban medio trasero al aire.
La prueba de esa doble faceta, que le ganó apelativos como el de "hooligan de la moda", es que vistió tanto al Príncipe Carlos -corría la historia apócrifa de que McQueen le bordó "soy un gilipollas" en un forro invisible- como a Björk, para la portada de su disco Homogenic.
Éxito temprano
El menor de seis hermanos de una familia de clase trabajadora, Lee Alexander McQueen empezó en ropajes para el teatro a los 16 años, aunque más tarde se enroló en la prestigiosa Central Saint Martin's. Su colección de graduación ya atrajo los focos de todo el quién es quién en la moda londinense.
Isabella Blow, excéntrica editora e icono de estilo británica, quedó fascinada y adquirió todas las piezas de la colección. A partir de ese momento, Blow fue determinante en la carrera de McQueen. Ella le instó a adoptar "Alexander" como nombre, apartando el "Lee" familiar y fue instrumental en el fichaje del diseñador por Givenchy en 1996 y en la compra de la marca de McQueen por parte del grupo Gucci.
Blowse suicidó en 2007 y en algunos círculos se acusó a McQueen de haber dejado de lado a su benefactora. Varios amigos del diseñador mencionaron ayer la muerte de Blow como algo que seguía obsesionando a McQueen.
La madre del diseñador también falleció el pasado 3 de febrero. La reacción de McQueen en Twitter sorprendió: colgó un mensaje en el que se leía "¡La vida debe continuar!".
En menos de un mes, McQueen debería haber mostrado su colección para mujer en las pasarelas de París. Ayer mismo tenía pendiente una presentación de su segunda línea, McQ, en Nueva York.
EL APUNTE
El estilo exagerado del 'fashion hooligan'
Al histriónico McQueen nunca le asustaron los focos. Atrajo sus primeros titulares por sus pantalones indecentes y describió en 'Vogue' su primera colección para Givenchy como "una mierda". Tras el escándalo por consumo de cocaína de Kate Moss, le declaró su apoyo en una camiseta.
Sarah Jessica Parker, Rihanna y Lady GaGa vestían sus diseños. Pero también las herederas de la aristocracia, adictas a sus espectaculares vestidos de noche.
Fuente: ADN
Su empresa emitió un comunicado solidarizándose con su familia y añadiendo que "en este punto es inapropiado comentar sobre la trágica noticia". McQueen estaba considerado como el alumno más aventajado de su promoción.
Formado en la sastrería clásica de Saville Row, combinaba la maestría de las estructuras con decisiones poco convencionales, como sus pantalones bumsters, que le hicieron conocido a principios de los noventa y dejaban medio trasero al aire.
La prueba de esa doble faceta, que le ganó apelativos como el de "hooligan de la moda", es que vistió tanto al Príncipe Carlos -corría la historia apócrifa de que McQueen le bordó "soy un gilipollas" en un forro invisible- como a Björk, para la portada de su disco Homogenic.
Éxito temprano
El menor de seis hermanos de una familia de clase trabajadora, Lee Alexander McQueen empezó en ropajes para el teatro a los 16 años, aunque más tarde se enroló en la prestigiosa Central Saint Martin's. Su colección de graduación ya atrajo los focos de todo el quién es quién en la moda londinense.
Isabella Blow, excéntrica editora e icono de estilo británica, quedó fascinada y adquirió todas las piezas de la colección. A partir de ese momento, Blow fue determinante en la carrera de McQueen. Ella le instó a adoptar "Alexander" como nombre, apartando el "Lee" familiar y fue instrumental en el fichaje del diseñador por Givenchy en 1996 y en la compra de la marca de McQueen por parte del grupo Gucci.
Blowse suicidó en 2007 y en algunos círculos se acusó a McQueen de haber dejado de lado a su benefactora. Varios amigos del diseñador mencionaron ayer la muerte de Blow como algo que seguía obsesionando a McQueen.
La madre del diseñador también falleció el pasado 3 de febrero. La reacción de McQueen en Twitter sorprendió: colgó un mensaje en el que se leía "¡La vida debe continuar!".
En menos de un mes, McQueen debería haber mostrado su colección para mujer en las pasarelas de París. Ayer mismo tenía pendiente una presentación de su segunda línea, McQ, en Nueva York.
EL APUNTE
El estilo exagerado del 'fashion hooligan'
Al histriónico McQueen nunca le asustaron los focos. Atrajo sus primeros titulares por sus pantalones indecentes y describió en 'Vogue' su primera colección para Givenchy como "una mierda". Tras el escándalo por consumo de cocaína de Kate Moss, le declaró su apoyo en una camiseta.
Sarah Jessica Parker, Rihanna y Lady GaGa vestían sus diseños. Pero también las herederas de la aristocracia, adictas a sus espectaculares vestidos de noche.
Fuente: ADN
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